29.8.10

A veces...


A veces escuchar aquellas palabras secretas que han estado ocultas en aquel viejo compañero a través de los tiempos, hace ver que lo visible no es más real que la fuerza interna que ha logrado modificar la vida, impregnándole a cada momento uno de esos detalles que buenos o malos componen cada una de las piezas de nuestra historia; comprometen a soñar por una idea racional que mezcle perfectamente las sensaciones, las ilusiones y los mágicos recuerdos....
... son recomendaciones hechas por aquel fiel extraño que nos habla en el camino

A veces voltear atrás en busca de una palabra de aliento de esos seres que nos acompañan en cada paso de nuestro camino,
nos hace encontrar esa fuerza oculta, esos sueños nublados y esa esperanza que desemboca en el momento correcto.Si cada vez que buscamos ayuda, volteamos al cielo, o miramos el corazón comprendemos que a veces hay respuestas obvias que marcan nuestro destino…..

A veces crecer soñando crea vagas ilusiones, esperanzas irracionales, que con un poco de esfuerzo nos separa o nos acercan a cada una de las metas planteadas, de esos dibujos de poesías de la niñez, de la música del recuerdo y el aroma del ayer….

Si aprendemos a soñar despiertos nos podemos conocer, pues la idea de concretarnos nos dará el soporte necesario y crecer, la imagen y el color son sin duda la combinación ideal, el sonido del tambor y el canto son mezclas que contraen al corazón, palpitante el destierro de un sonido sin sabor, de una música ligera y sin un rockero corazón….

Las personas solemos soñar con riquezas y un futuro en la prosperidad, construimos castillos de arena que reflejan nuestros esquemas que por más firmes este siempre ,arena es arena……
Imágenes y colores, música y sabores son parte de nuestra idea de ser, nos formamos en una mezcla de elementos que nos hacen ser quien ser,… somos conocidos por aprender a levantarnos, a liberarnos de verdugos y a injusticias vencer, nos hemos conectado con ancestros, y el futuro incierto…
Concebimos la idea de una tierra mejor, de un mundo de utopía que despierta al corazón… de nieve y de verano…. de luz y confort, de inventos y sueños que son más que una ilusión…

escribimos en el desvelo de una noche incierta, entre el secreto y la intriga, entre luces y sombras que recorren los ruidos de aquel lugar… ,entre palabras contadas y esas que no quieren ser escritas, que reprimen sentimientos, culpas o remordimientos…… ,que escriben más allá que una simple frase, pues su significado recorre cada arteria del lector, las venas impregnadas del recuerdo que no se quiere contar no intentan adueñarse de sentidos inmaduros, de recuerdos del olvido y momentos sin futuro….

26.8.09

Una mujer misteriosa.


En el edificio más viejo de la calle F, es donde se forma esta historia. Un mes atrás dos vecinos de este frío edificio que sólo tiene dos vistas, la de la avenida principal, la calle F y el callejón abandonado, en el que ni un vagabundo se para; son los protagonistas de esta historia de amor..

En el tercer piso, al cual sólo se puede llegar subiendo unas angostas escaleras de madera, vive Leonardo, un joven introvertido, con grandes y oscuros ojos cubiertos por un abanico de pestañas, cejas que le enmarcan el rostro de una manera singular, contrastando el tono de su piel que no era afecta al bronceado, y cabello afeitado. Durante el día no se le ve por ningún lado, sólo en la noche, muy noche; abre la pesada puerta del recibidor, sube cansadamente las escaleras que lo llevan a desaparecer al cruzar la puerta de su departamento, con un único objetivo, descansar de un ajetreado y largo horario laboral.

En el cuarto piso, la vecina metiche que todos los edificios tienen, Doña Chabela, se encarga de informar a los vecinos del edificio de los nuevos acontecimientos que pasan por sus ojos, y uno que otro que imagina. Hay días en que no cierra su puerta sólo para ver si alguien llega o se va, se asoma a los otros pisos a escuchar voces, y en dado caso que no escuche la conversación vecinal completa, saca una silla al corredor y para bien la oreja para enterarse de hasta el mínimo detalle.

Quinto piso, inhabitado por un largo tiempo, ahora ocupado por una joven mujer con mirada soñadora, cabellera castaña que cae en sus hombros al ondularse, y las uñas a la par del color de sus zapatos. Con un rostro sereno, se muestra tímida y poco conversadora, para desgracia de Doña Chabela quien ya le ha inventado uno que otro chismecillo con tal de tener un tema nuevo que contarle a los vecinos. Se ha acercado un par de veces a pedirle la famosa tacita de azúcar, de café , de sal o lo que sea que se le ocurra, pero ella nunca responde, sigue su camino como si no escuchara, sube y baja escaleras sin ninguna preocupación, eso sí, no se ha escuchado en el edificio su voz desde que se mudó, pero nadie presta tanta importancia a esto, sólo Doña Chabela, quien inquieta le cuenta a Leonardo la verdad; no sabe nada de aquella nueva vecina, sólo su nombre, Ana. Él nunca presta atención a las nuevas noticias que le cuenta diariamente Doña Chabela, quien sin importar las altas hora de la noche en las que Leonardo regresa del trabajo, lo espera, porque lo ha tomado como amigo desde el día en que él se mudó a este edificio. Esta noche, mientras Doña Chabela hacía su ya acostumbrado monólogo de chismes, Leonardo escucha algo digno de atender, por fin le es revelado el nombre de la misteriosa mujer del quinto piso, con la que se había cruzado en la escalera el fin de semana anterior al salir del edificio, la vecina misteriosa, Ana, entraba con un enorme paraguas amarillo que no podía cerrar.

Leonardo cada día se interesa más y más en saber de Ana, pero ella no le ha dirigido palabra alguna. Leonardo había olvidado ya ese sentimiento de enamoramiento que ahora le invade, puede sentir después de varios años de guardar su corazón, esta sensación en el estómago difícil de definir, ese nerviosismo incontrolable que te hace sonreír más que nunca, enrojece tu rostro y/o te sudan las manos. A Leonardo le pasa todo eso junto, no sabe si caminar hacía ella, siente sus piernas más temblorosas que nunca, las manos las puede exprimir y sacar más de un litro de sudor, su pálido rostro es evidencia de la emoción que sintió el día que al encontrarse en las escaleras cruzaron miradas, la energía que resultó de aquel encuentro de sonrisas retumba en su interior, no puede ocultar la agitación que su presencia produce en su guardado corazón, sin percatarse, que en lo alto de la escalera se encuentra Doña Chabela siempre vigilante.

El día llega, Leonardo ve que Ana lo mira con un gesto amable, él nervioso, y sobretodo emocionado, responde con un “Buen día” algo apresurado que tal vez ni siquiera se entendió, pensó.

Al siguiente día está atento a las escaleras, ya que si ella regresa o sale de casa, debe pasar por ahí, observa por la mirilla de la puerta tratando de prepararse para reaccionar esta vez de una forma natural y oportuna; pero no pasó en todo el día, Leonardo un poco decepcionado por no poder corregir el ridículo del día anterior, se dirige sin más ánimos, tratando de encontrar en la ventana alguna respuesta al silencio que ha tenido como compañero Ana.

Leonardo desde la ventana de su departamento, ve a Ana por fin bajar de un taxi con miles de bolsas en las manos, es su oportunidad, piensa ; se dirige directo a la puerta de su departamento, agarra antes de salir el periódico que había comprado por la mañana, baja rápidamente las escaleras haciendo un escaneo a la puerta, para poder ver la distancia a la que se encuentra de Ana, y otra a su periódico, que únicamente lo lleva de accesorio para el encuentro que ha planeado durante todo el día; baja tan rápido de las escaleras que choca con Ana, vuelan en el aire todas las bolsas que traía y su bolsa que combina con sus uñas deja en el piso los tesoros que en ella guarda.

Ahora entiendo, piensa Leonardo al encontrar en el piso la credencial de Ana, con la frase “actriz sorda”.



Locura en silencio.



Sentado en esta banca, a la sombra del árbol más viejo del lugar, tus pies se deslizan por la húmeda tierra que deja una noche de lluvia, el sol toca tu piel después de unos cuantos días de nubes grises, y el viento trae a tu mente el recuerdo de aquel día...

Tus padres se encontraban agobiados, les dolió tanto separarse de ti en la reja de la entrada, y sólo recuerdas que mientras tu madre lloraba, tu padre la consolaba diciéndole “es por su bien”… ,pero tu rostro no se contagio de aquel sentimiento de tristeza, tenías la misma mirada, esa que desde hace cinco años has tenido, como si vivieras en otro mundo, y nada que cubra tu entorno te preocupara.

El doctor de la clínica psiquiátrica los había convencido de que lo que te pasaba era una nueva enfermedad que se había puesto de moda en los de tu edad y que la única cura era el aislamiento de todo contacto con lo cotidiano.

Este silencio empezó, el Jueves 18 de noviembre, la fecha nunca la olvidas, era el aniversario de una pérdida, el día que descubriste que herías más con tus palabras, le dijiste tantas veces que no se acercara a ti, pero ella insistió, se enamoró del silencio de tu boca y de la voz de tu corazón; sabías que la querías tanto y pensabas que lo mejor para ella era la distancia entre los dos. Le habías dicho de mil formas que no te buscara, que no había más de que hablar, mientras más le pedías estar sólo, más se acercaba.

Un día encontraste tu solución perfecta, te aislaste del mundo, te sumergiste en uno al que nadie podía entrar, y como consecuencia te creyeron loco, enfermo de esa famosa enfermedad de moda, y ahora estás aquí entre estas cuatro paredes que están más mudas que el mundo que creaste y al que ella intentó más de cien veces entrar, hasta que el 18 de noviembre, se rindió.

Y ahora, al recibir la visita mensual de tus padres, te contaron que aquella mujer había muerto de amor, los doctores no podían explicar lo sucedido, sólo dijeron que parecía que su corazón se había cansado de latir, y hoy 18 de noviembre, se cumplían cinco años de su muerte.

Te has alejado del mundo por muchos años y ya no quieres callar más tu amor, aunque ella ya no te oiga, lo quieres gritar.

Un mutuo amor eterno [♥]


Sentada en el sofá café ,alumbrando sólo por aquella tenue luz de la luna que pasa por la ventana, y qué toca el respaldo de mi asiento.

Hoy es una de esas noches, mientras la luna no esta llena y tiene esa forma tan peculiar de uña, como una cuna, que arrulla a todos los sujetos de éste lado del mundo. El cielo, despejado de nubes, pero manchado con sin fin de estrellas que no me había interesado mirar, si me encontrara en otro tiempo.

Mis pies descalzos se deslizan por la roja alfombra que tapiza esta habitación de seis por seis, padecen de frío.

En el radio suena la canción de moda, un mutuo amor eterno. Ese radio, ha sido mi única conexión con el mundo durante estos últimos 6 días, y que me niego a apagar. No me interesa si afuera es primavera o verano, si ha llovido o esta nublado. Mi mente se ha perdido, él no ha entrado a esta habitación en más de cinco días, ahora en el silencio de mi mete, duele recordar..

La mañana del Lunes pasado salí tarde hacia el trabajo, estaba enojada, la noche anterior había discutido con Josúe, y salí sin despedirme , sin el beso que deseaba un lindo día, sin decirle que lo amo tanto; pero todo se justificaba, él me había gritado y era tarde. No alcanzare los minutos que he perdido, pensé.

En todo el día no hable con él, era normal cuando nos enojábamos, pero a las 7:50 mi corazón se alarmó al recibir aquella llamada..

- ¿Señorita, esta bien?- me dijo aquella voz,después de informarme aquella noticia me quedé muda por más de tres minutos.

Era una llamada del hospital, Josúe había chocado una cuadra antes de llegar a mi trabajo, le encontraron una carta en su mano con mi nombre escrito en el sobre. Mi teléfono estaba en su celular, era el primero , lo había puesto con doble A, para llamarme más rápido. Salí corriendo enseguida.

En el hospital, el doctor se quedo sin palabras, no sabía como decirme; empezó hablando de un accidente, dijo que no había visto nunca nada igual, que hicieron todo lo posible...

-¿hicieron...?dije, el doctor sólo afirmo con la cabeza.

Me entrego la carta que Josúe le había encargado darme; esa carta es la misma que ahora sostengo junto a mi corazón, no he cambiado nada.Todo esta como él lo dejó, el radio en su estación preferida y yo, en su sofá...

Era un día....... casi como ayer



E
ra un día casi como ayer, me despertó aquel silbido del pájaro de la vecina, pero aun así descubrí que sería un lindo día, así como han sido estos últimos cuatro meses. Sonreí, me puse aquel abrigo que convinaba con mis ojos y salí.. ,seguí el camino que me llevaba directo al
lugar de nuestro encuentro, que habíamos acordado por teléfono una noche anterior. Por fin llegue ,puntual las 2:10 como lo habíamos acordado; te vi y me sentí algo diferente, era esa sensación que te hace presentir que seras parte de un gran cambio, que aunque quieras o no sucederá.
A cada paso, esa sensación se fue convirtiendo en miedo, no sabia que resultaría de aquellas palabras que tu boca ya estaba ansiosa de pronunciar... Te salude como siempre, pero .. hablaste como nunca antes, tus ojos no tenían ese brillo tan mágico que aparecía cuando me veías, tus sejas con esa expresión de disgusto ,y acorde con lo que decía tu boca... No podía seguir escuchando...,entre cada frase que decías como verdad, yo sabía que mentías, eso no era real. Me preguntaba en silencio si es que tu corazón estaba hablando, con la verdad... No pude más , me fui, salí corriendo , camine por horas dándole vueltas al asunto en el camino mis ojos , estos que alguna vez amaste, ahora se ahogaban en lágrimas, reconocían a distancia cada lugar que visitamos juntos, cada árbol que abrazamos, cada todo. ..
Cansada de limpiar mis mejillas, regresé a casa.. ,no quería saber de nada, ni de nadie, subí las escaleras sin responder preguntas , mi teléfono celular tenia 28 llamadas , del mismo numero, el tuyo.., diez mensajes de voz, diciendo que fue un error , que tu amor era el mismo o tal vez más , que tenías miedo a enamorarte más, pidiendo perdón ..., pero..nunca las vi, mi celular se quedo en aquel lugar de tal fatal encuentro, se callo de mi bolso , se quedo ahí...............
...........

21.8.09

El tren........



7:00 en punto… él abordaba el vagón de aquella Terminal de tren que se veía desde la ventana de Sofía, lo veía cada viernes, parado frente a las vías esperar por 10 min. mientras llegaba el tren.
Y cada noche Sofía, se preguntaba, si acaso él sabia de su existencia, si él alguna vez la vio a través de esa ventana que los presento,la ventana del tren, si es que viene o qué va; no sabía su nombre, pero cada viernes ,estaba lista a las 6:50 en el balcón, observando en la distancia, la partida de aquel hombre en ese viejo tren.

Su nombre era Ramón y cada viernes tomaba el tren que lo llevaba de regreso a ese hogar que en su niñez dejo, le gustaba visitarlo, y ver a las personas que ahora vivían ahí, recordar cada momento, e imaginarse su vida si no hubiera salido de ahí; pasaba el tiempo con sus amigos de la infancia, jugar fútbol cada sábado por la mañana era parte de aquella rutina, platicaban de sus planes y de sus sueños, él contaba siempre la misma historia, el mismo sueño que tenía cada viernes en él tren, les hablaba de una mujer, que sólo conocía en sus sueños, y que con cada sueño se generaba en su interior esa sensación de conocerla de algún lugar.
No quería perderla, se aferraba a ella, tenía miedo de jamás volverla a soñar, así que cada viernes tenía una rígida rutina, salía del trabajo a la hora exacta, llegaba a la estación siempre a las 6:50, y se iba en el único tren puntual que había en aquella terminal, el tren de las 7:00, se sentaba sin pensarlo cada viernes en el mismo lugar, junto a la misma ventana, como si al generar algún cambio la fuese a perder, ella era lo único seguro que tenía en su vida, y su motivo para utilizar el tren, así que durante toda la semana esperaba ansiosamente el viernes.

Pero un día algo pasó, el viernes por la mañana Ramón se sintió distinto, cambio su rutina de trabajo, y salio más tarde que de costumbre, al llegar a la estación vio irse el tren de las 7:00, lo había perdido por primera vez.